| |
La princesa guerrera (más relatos)
I
Mis vivencias femeninas, recuerdo que se iniciaron en mi niñez, al
descubrir una extraña sensación de no sentirme varòn. Obviamente con el
transcurso de los años todos mis intereses se orientaban a descubrir la razón
de tal sensación. Simultáneamente sentía una poderosa atracción por las
mujeres, ya que mayormente casi todos mis gustos y preferencias se hallaban
relacionadas con el subyugante mundo de las mujeres, a quienes no dejaba de
observar y admirar. Creo que mi erotismo se desarrollaba mucho más durante
la niñez, cuando tenía la oportunidad o suerte de hallarme en las alcobas
de mujeres, en momentos en que las féminas de mi familia o de otras,
primas, amigas, visitantes, en fin, procedían a vestirse o cambiarse de
ropa para asistir a ciertos compromisos sociales. Al verme atraído por lo
femenino me hallaba más junto a mis hermanas y primas que a los varones. La
casa de mi familia era muy grande y poseía muchas piezas, razón por la
cual residían muchos familiares y por lo tanto era punto permanente de
reunión para los arreglos personales previos a los compromisos festivos.
Recuerdo muy bien que me sentía impresionado al ver esas preciosas anatomías
femeninas, permaneciendo a veces impávido admirando sus cinturas estrechas,
sus amplias caderas, sus imponentes senos y sus contorneadas piernas. Además
me elevaba casi a las nubes al ver como ellas se colocaban sus llamativas
prendas, en especial me atraía mucho el instante en que se colocaban sus
medias de nylon y así poder verlas luego con ligueros y combinaciones de
seda. Sentía una atracción irresistible por sus tangas y sostenes mientras
ellas procedían a ejecutar ése rito que me dejaba muy extasiado. Algunas
veces me pedían que les ayudara a vestirse, lo cual me agradaba mucho al
tener la posibilidad de compartir sus gestos y actitudes. Verlas finalmente
en faldas o vestidos y luego en calzados de taco alto, era algo que ya me
resultaba muy natural. Cuando ellas procedían a maquillarse, solo me
quedaba observar y sentir el aroma de los incitantes perfumes, quedando yo
terriblemente confundido, pero me gustaba todo eso. Inclusive una vez,
siendo niño, le dije a una de ellas si yo también podía perfumarme o
pintarme los labios y me respondió: "solo si eres mujer", frase
que se me quedó grabada para siempre, entonces me pregunté si alguna vez
eso sería posible, para así poder superar lo prohibido y tener el
privilegio de usar tales perfumes o pintar mis labios. Cuando ellas salían
de la pieza, yo todavía podía permanecer, puesto que nadie me lo impedía,
por lo cual tenía la oportunidad de examinar todos los cosméticos hasta
llegar a diferenciarlos muy bien. Muchas veces sentía un irresistible deseo
de pintarme los labios. Hasta hoy considero que los labios pintados de una
mujer, son el signo más evidente y erótico de su género, después de la
cabellera larga. Así mismo al ver sus prendas tiradas por todo lado, sentía
algo indescriptible en mis reacciones, que me conducían a coger las piezas
y mirarlas detenidamente, una a una, parte por parte, acariciar la textura y
oler su perfume era algo maravilloso. También estando sóla me gustaba
acariciarme mis genitales con alguna tanga tibia aún, especialmente con la
parte donde se marcaban los labios vaginales.
II
Así pasaron muchas oportunidades en que yo tenía el privilegio de
permanecer junto a varias mujeres mientras ellas se desnudaban y cambiaban.
No recuerdo que alguna vez me hayan pedido que me retire, ya que estaban muy
acostumbradas a mi presencia, inclusive una de mis primas solía tratarme
como a una muchacha y me pasaba cremas faciales ocasionalmente. Al paso de
los años traté de ver la forma de permanecer casi siempre en los aposentos
femeninos. Lo que más me enloquecía y descontrolaba era percibir a través
de la transparencia la parte del monte de venus, la parte de la vulva y los
labios vaginales que se mostraban y marcaban en las tangas. Tuve el
privilegio de que en algún descuido de ellas pudiera ver sus labios
vaginales cuando se cambiaban de tanga o bikini, lo cual me trastornaba súbitamente
dejándome completamente perplejo hasta que alguna de ellas me sacará de
tal estado. A partir de entonces adquirí el hábito de ir robando tangas
para poder masturbarme con ellas, sin llegar a ponerme alguna aún, a pesar
de que tenía tal deseo que no lo satisfacía por algún temor, duda o
inseguridad, suponiéndome varón. Estando ya en mi plena adolescencia,
descubrí que mi admiración por las mujeres no era porque me gustaban o
desearía tener una para mi. No. Descubrí definitivamente que yo deseaba
ser como ellas, que las envidiaba, que me agradaría mucho vestir como
ellas, sentirme una de ellas, verme hermosa y pretendida, y que sobre todo
deseaba tener ésos encantadores labios vaginales, aparte de unos
irresistibles senos. En pocas palabras, comprendí que me moría por ser
toda una mujer. Fue así como surgieron en mi éstas secretas intenciones
que se fortalecían con el paso del tiempo, esperando una buena oportunidad
de poder hacer realidad mi gran deseo de comenzar a asemejarme a ellas, por
lo menos sugestivamente, tal vez en un día muy adecuado. Entonces solo me
quedaba esperar y esperar el gran día, en que pudiera quedarme
completamente sóla en casa. . Y así vivía sufriendo y soportando mi errónea
e injusta vida varonil, con la esperanza de que alguna vez todo se pueda
modificar en mi cruel existencia. De ésa manera ya no podía traicionar mis
pensamientos y pretensiones, al estar cada vez más segura de lo que
buscaba. Siempre que me hallaba entre ésas bellas mujeres, me ilusionaba
con poder vestirme totalmente algún día como ellas y permanecer así por
largas horas. Por el momento solo podía satisfacerme con admirar sus
atractivas figuras y sus fascinantes indumentarias, suspirando
constantemente por mi secreto deseo.
III
En cuanto a mi aspecto físico, desde mi niñez poseía más la apariencia
de ser una mujercita, con un rostro poco masculino donde prevalecían más
los rasgos y formas femeninas, en especial mis labios, que muchas veces
algunos me confundían a no ser por las prendas de varón que llevaba.
Dentro y fuera de mi familia me veían como a una muchacha, siendo objeto de
bromas por parte de mis tíos y primos. Mi madre una vez dijo que cuando
ella se hallaba embarazada estaba segura de tener una nena, pero para su
sorpresa nací yo, y así fui arropado inevitablemente con ajuares rosas en
mis primeros meses de vida. Bueno, todo eso me agradaba y más aún cuando
descubrí mi verdadero género oculto. Día a día era incontenible y
creciente mi deseo de ser lo más pronto posible toda una mujer, y trataba
de comportarme como tal al adquirir maneras especiales de ser, como su
delicadez, su amabilidad, su ternura, su dulzura, su caminar, los tonos de
voz y sobre todo los cabellos largos. A la vez traté de mantener un cuerpo
esbelto y delicado, evitando cualquier forma de actividad o ejercicio
varonil rudo, por lo cual jamás me gustó jugar fútbol, ni me agradaba el
básquet porque partía mis uñas largas y maltrataba mis dedos. Además jamás
me mostraba desnuda frente a mis compañeros de colegio. Contrariamente
prefería más la gimnasia y el baile femenino. Esta forma de ser ocasionó
cierta preocupación o desconcierto en mi familia y amistades, pero
finalmente no intervenían y optaban por darme un trato considerado, muy
especial, pleno de consentimientos y simpatía, lo cual me permitía
sentirme más mujer.
IV
Recuerdo muy bien que mis compañeros de colegio al notar mis actitudes
extrañas no perdían oportunidad de molestarme como si fuera una muchacha,
lo cual me agradaba. Inclusive a veces no perdían la oportunidad de
tocarme, acariciarme o besarme ante cualquier descuido mío. Estando en el
colegio llegó un nuevo compañero llamado Enrique, a quien yo fui la
primera en dirigirle la palabra y brindarme mi amistad que el supo
corresponder y desde entonces casi no se apartaba de mi, nos hicimos muy
amigos. Enrique se mostraba muy varonil en todo, y era un gran deportista,
fuerte y más alto que yo. Estando con él ya dejaron de molestarme mis
otros compañeros, ya que siempre salía en mi defensa. Cada vez que él
participaba en algún juego yo era su primer espectadora, a pesar de que a
mi jamás me interesaron los deportes masculinos. El fútbol me aburría,
pero soportaba solamente por ver a mi atractivo amigo. En una de ésas
oportunidades en que fui a casa de Enrique lo encontré con una ropa de
karate, a lo cual él me explicó que se encontraba practicando ésa clase
de lucha. Hallándome muy concentrada observándolo en dicha práctica me
preguntó si yo quería aprender, y acepte luego de que él me convenció.
De ésa manera llegué a frecuentar más la casa de Enrique, llegando a ser
su principal y única alumna de karate. La continuidad de mi amistad con
Enrique ocasionó que yo me enamorara por vez primera, sin que el lo supiera
hasta el día que se fue de la ciudad tras concluir el colegio, cuando le
dije que le quería mucho, antes de que partiera y me respondió con un beso
en la mejilla. No lo olvidé jamás puesto que a su lado me sentía mujer y
hasta recibía tal trato por parte de él, y jamás me dijo algo relacionado
contrario a mi comportamiento.
V
Al terminar mi secundaria y sin saber que hacer con mi privilegiada
libertad, me propuse continuar con mis inclinaciones de género. Y fue así
como decidí iniciar con mis experiencias femeninas. Lo primero que hice fue
dejarme crecer más los cabellos y también me hice agujeros en las orejas
para poder colocarme unos pequeños aretes que ocultaba con mi cabellera. Me
dejaba las uñas de las manos algo más largas. Igualmente empecé a usar
cremas y polvos faciales. Cuando salía a la calle notaba que la gente me
miraba curiosamente, puesto que aparentaba evidente aspecto femenino y más
aún cuando me ponía unas gafas unisex. Mientras permanecía en casa me
dedicaba a labores exclusivamente femeninas, dedicándome con mucho agrado a
coser o arreglar ropas de mujer, a practicar la repostería, bordado y
tejido, pero evitando que mi familia lo notara mucho. También no dejaba de
practicar el karate, además de ir aprendiendo otros estilos de lucha al
observar películas de luchadoras. En mis ratos de descanso solía depilar
por completo ciertas partes obvias de mi rostro y así verme femenina.
Durante las tardes acostumbraba cuidar mi rostro aplicándome cremas
femeninas. De ésa manera transcurrían los años y a la vez fue creciendo
en mi la intensidad del deseo de realizar lo prohibido y esperar el día
adecuado. Me hallaba muy desesperada por sentirme más mujer, hasta empecé
a leer sobre los cambios de sexo. Comencé a soñar con poder convertirme
algún día en un mujer completa y muy bella.
VI
En una de ésas ocasiones en que las mujeres se concentraban en mi casa,
dejaron sus alborotadas alcobas. Con mis nuevas cuñadas, ahora había
aumentado el número de mujeres. Luego de que todos se fueron para mi suerte
fuera de la ciudad, a un matrimonio. Quisieron llevarme pero yo les dije que
me sentía mal. La verdad es que ya evitaba las fiestas familiares en las
que me veía obligado a usar saco y corbata, que detesto mucho, y menos aún
tener que bailar con otra mujer. En fin. Ahora me sentí muy emocionada
cuando quedó la casa en completo silencio, interrumpido por ocasionales
ladridos de mis perros. Me sentí muy dichosa al considerar que era el
momento apropiado tan esperado para hacer realidad mi desvelador sueño
reprimido durante tantos años, vestirme de mujer por completo, por vez
primera, por fin completamente sóla en casa. Tenía casi todo el día y
toda la noche para ejecutar mi gran ilusión de sentirme más mujer. Alta y
delgada, con un cuerpo bien proporcionado, casi femenino, cintura estrecha,
caderas, trasero y piernas bien formaditas, poco musculosa, además de mi
escasa vellosidad.
VII
Cuando me dirigí a una de las alcobas, sentí que se me abrían las puertas
del paraíso, encontrando prendas femeninas literalmente regadas por toda la
pieza, como era costumbre. No bien hube ingresado, plena de emoción, procedí
a una revisión general, había de todo, medias, tangas, sujetadores,
ligueros, pantimedias, faldas, vestidos, blusas, chompas, hasta toallas íntimas,
tiradas por todo lado, como una especie de feria. Conforme observaba las
ropas noté que se aceleraban mis latidos, y traté de calmarme. Soledad
absoluta, sólo yo, las subyugantes prendas, y el sonido de la radio que en
ése momento transmitía una canción de la española Janet. Ya algo más
tranquila, procedí a quitarme la ropa de varón, hasta quedar completamente
desnuda, surgiendo mi delicado y esbelto cuerpo. Luego me dirigí a la bañera
y al poco tiempo retorné muy ansiosa secándome por completo y con mi larga
cabellera ya suelta. No sabía por dónde comenzar, pero recordé la forma
como se cambiaban las mujeres que pude ver en el transcurso de mi
existencia, optando por lo primero, ocultar mi pequeño miembro, entonces
cogí una preciosa tanga roja de seda satinada que todavía se hallaba
tibia, me fije que en su interior quedaba marcada la parte de los labios
vaginales que tanto me fascinaba. Siempre desee ponerme una tanga recién
quitada por una mujer. Temblorosa me senté a un lado de la cama y luego de
admirar la tanga, me acomodé para ponérmela. Conforme me subía la prenda
empecé a sentir una gran excitación que dio lugar a una rápida reacción
de mi pequeño miembro, hasta que finalmente éste desapareció tras
colocarme por completo la preciosa pieza roja. El contacto de la suave tela
y la presión que ejercía sobre mis genitales me produjo una sensación
maravillosa, como si de pronto hubiera cambiado de espacio y tiempo y género.
Me sentí muy feliz de pronto, como si viviera el mejor momento de mi vida,
como si volviera a nacer o renacer en otro cuerpo. Así quedé por largos
instantes, tendida en la cama, sumida en una especie de paraíso, sintiéndome
casi ya una mujer, al no percibir ya la existencia de mis genitales
masculinos. Cerré los ojos, concentrándome en mi deliciosa tanga y en la
calurosa entrepierna, sintiendo una mágica experiencia, de que ya no poseía
genitales masculinos, que habían desaparecido, ya que en su lugar percibía
y sentía fantásticamente la existencia de un admirable monte de venus, en
cuya parte inferior se hallaban unos impresionantes y agradables labios
vaginales. En ése momento recordé a las mujeres en quienes solía observar
ésa parte tan linda y envidiada muchas veces por mi, pero ésta vez ya no
las apetecía, ya que me veía al lado de ellas, tan igual que ellas, lo
cual dio lugar a que se humedeciera mi tanga, al hallarme muy excitada. Mi
dicha era indescriptible, al sentir el inmenso placer del inicio de mi
primera transformación. De ésta forma, sumido en un mundo de ensueño,
continué con mi agradable cambio y procedí a escoger y colocarme unos
irresistibles sostenes rojos satinados, los cuales se amoldaron
perfectamente a mi busto, con lo cual ya mostraba un cuerpo visiblemente
femenino. Luego continué pausadamente con los portaligas y con unas
arrebatadoras medias largas de nylon que conforme me las colocaba aceleraban
mis latidos, hasta que quedaron sujetas a los ligueros. Estando así me
aproxime a uno de los espejos y al verme no pude evitar lanzar un alarido de
satisfacción al verme por fin en prendas interiores femeninas. Mi paroxismo
era tal que me quede fascinada por mi aspecto frente al espejo por eternos
instantes. De pronto sentí un gran deseo incontenible de masturbarme.
Tendida sobre la cama empecé a acariciarme todo el cuerpo y sobre todo
empezar a pasar mis manos sobre mi entrepierna. Recordé que una vez vi a
una prima que se masturbaba así, sin quitarse la ropa interior. Procedí a
friccionar lenta y enérgicamente mi parte genital, imaginando ser una auténtica
mujer y percibir la existencia de unos adorables labios vaginales que me
enloquecían al imaginarlos en mi propio cuerpo, logrando que mi erotismo
alcance un elevado nivel de gozo y autosatisfacción que dio lugar a
intensos jadeos previos a una incontenible eyaculación y prolongado orgasmo
que me dejó completamente extenuada y muy mojada. Así me quedé por un
placentero tiempo tendida y satisfecha, mientras que por la radio seguía
escuchando la canción de una sensual voz femenina. Ya recuperada del goce
inicial, procedí a limpiarme y cambiarme la tanga mojada, buscando otra de
seda y gasa que también fue usada recientemente, muy preciosa. A continuación
decidí continuar con mi transformación completa, colocándome una
combinación rosa de suave textura transparente que resaltaba increíblemente
mis sostenes y mi figura completa. En seguida escogí algo que me gustaba,
que siempre había deseado ponerme, un lindo vestido rojo que dejaba al
descubierto una de las piernas. Hasta éste momento nuevamente me sentí
excitada y más aún al ponerme unos calzados calados de taco alto, lo cual
me produjo un profundo suspiro de satisfacción al contemplarme en el
espejo.
VIII
Por fin. Mi primera ilusión se hacía realidad. Creía estar soñando. Por
fin me hallaba vestida de mujer, después de tanto desearlo. Luego algo
temblorosa me senté frente al tocador. No podía creer que estaba ocupando
el sitio de ésas mujeres que tanto envidiaba. De tanto observarlas había
logrado aprender la forma de maquillarse que tenían. Sentí un enorme
placer al darme cuenta que mi turno había llegado, puesto que ellas también
se turnaban frente al tocador y se ayudaban mutuamente. Como dije, ya conocía
muy bien el tocador y todo lo que poseía, por lo cual procedí a
transformar mi rostro, empezando por la base, luego los ojos, pestañas,
cejas y labios, concluyendo con un suave rubor y un precioso juego de
pulseras, collar y pendientes que resaltaron y marcaron mucho más mi
femenina apariencia.. Al observarme detenidamente yo misma no podía creer
que era la mujer del espejo, tan misteriosa, tan mágica, tan subyugante.
Luego continué con pintar mis largas uñas de un rojo grana que siempre me
atrajo y concluí con impregnarme con un embriagante perfume, con lo cual ya
mi gozo resultaba incontenible. Fue así como descubrí y contemplé mi
verdadero rostro por largo tiempo, completamente extasiada. No se por cuanto
tiempo me quede admirando mi propia belleza que al salir de mi
ensimismamiento sentí que mi excitación era muy intensa y procedí a
efectuar movimientos muy femeninos frente al espejo, inclusive bailando al
ritmo de la música que escuchaba, resaltando el movimiento de mis
atrayentes caderas por cerca de una hora, lo cual aumentó geométricamente
mi excitación. Tuve la intención de masturbarme, pero preferí dejarla
para más tarde, manteniendo así mis impulsos eróticos con mayor presión.
Luego me dediqué a recorrer por toda la casa, algo que siempre esperaba
realizar vestida así, con un andar muy femenino y con las piernas juntas.
Conforme recorría por los diversos ambientes, sin dejar de suspirar, me ponía
a poner en orden algunas pequeñas cosas que no se hallaban debidamente,
como solían hacerlo las mujeres de mi casa. Luego sentí ganas de orinar y
me dirigí al baño prohibido, al de mujeres, donde con un placer increíble
me senté por vez primera en el inodoro donde pude por fin cumplir otro de
mis secretos deseos, miccionar vestida de mujer, bien sentadita. Luego al
ver el cesto de ropa lleno de ropa femenina, se me ocurrió la idea de
lavarla, por lo cual me fui a cambiar unas sandalias bajas, tal como
acostumbraban las mujeres de casa y me dirigí con toda la ropa a la
terraza, donde procedí a lavarlas y tenderlas en el área abierta de la
lavandería, fue algo emocionante, siempre quise lavar ésas prendas en el
exterior, en la terraza, aunque con cierto temor, pero mi placer y sensación
de ser mujer fue superior a la idea de pensar de que algún vecino podría
descubrirme. Tras concluir y observar satisfactoriamente las piezas lavadas,
bajé a la cocina y procedí a preparar mi almuerzo, tras poner música a
todo volumen, sintiendo un gozo increíble conforme lo hacía. Casi al
concluir mi labor note que mi tanga se hallaba húmeda, debido a las
ocasionales cortas emisiones espontáneas que se me venían durante toda la
mañana, entonces fui a cambiarme otra tanga y otros preciosos calzados de
taco alto, lo cual me produjo mayor excitación y no pude evitar volver a
repetir las caricias de autosatisfacción, que fueron más intensas y
placenteras al verme frente al gran espejo y sentirme completamente
transformada en una mujer, lo cual me llevó a una segunda autosatisfacción
desesperante, a una incontenible masturbación frente al gran espejo,
observando cada detalle de lo que me había convertido, sobre todo las
partes de mi rostro, mi estrecha cintura, la parte de los senos, las
caderas, las piernas enfundadas, los ligueros, y principalmente la parte de
la entrepierna que tras la tanga ocultaba lo que más anhelaba e imaginaba
poseer, unos fascinantes labios vaginales. Hasta que concluí otra vez sobre
la cama, muy jadeante, emitiendo voces y clamores fingidos propios de una
excitada y ardiente mujer, logrando así alcanzar un nuevo y más intenso
orgasmo que ésta vez me dejó casi al límite de la inconciencia, sumida en
un súbito y profundo ensueño, permaneciendo en tal estado por mucho
tiempo, alcanzando un febril delirio que me condujo a vivencias donde yo era
tratada y aclamada como la mujer más preciosa. Inolvidable experiencia
femenina en la eternidad de los instantes.
IX
Habiendo llegado a tal estado fantasioso, fui interrumpida intempestivamente
de tal dichoso sopor al escuchar los ladridos de los perros de la casa que
se hallaban en la terraza, lo cual me sacó por completo de mi mágico
reyno. Mi primera reacción fue de sorpresa, quedándome casi sin movimiento
y con temor. Los perros seguían ladrando. Obviamente alguien se hallaba en
la entrada principal de la casa. Note que ya había obscurecido, que se
iniciaba el anochecer. Luego oí el toque del timbre del intercomunicador
insistentemente. No supe lo que debería hacer y luego de incorporarme
lentamente me dirigí hacia la sala, que estaba cerca al lado de la calle, y
observé disimuladamente por una de las ventanas y descubrí la figura de un
hombre, que al parecer también me vio ya que volvió a insistir con el
timbre. Los perros seguían ladrando escandalosamente y esto me alteraba.
Hasta que suponiendo que se trataría de algo importante me anime a
contestar. El hombre de la calle me dijo que era empleado postal muy apurado
y traía un paquete urgente que debía dejar. Yo le contesté que lo pusiera
a la entrada por las rejas, adoptando una voz algo femenina, pero el me dijo
que el paquete era grande y que además debía firmar la entrega. Entonces
no tenía alternativa, tendría que salir tal como estaba. Bueno, pensé, ni
modo. Me miré frente a uno de los espejos de la sala y me arreglé
ligeramente la cabellera, luego armada de valor abrí la puerta del living y
así empecé a caminar femeninamente por el corredor que llevaba hacia el
acceso principal, hasta llegar a la puerta de rejas donde ya pude distinguir
al hombre, que era el que solía venir en tales casos y casi nos conocía a
todos. En cuanto me acerqué me dijo: " Señorita buenas noches,
disculpe la insistencia, pero estoy apurado y debo dejarle una caja para el
señor Ricardo (era mi papá) y debe firmar la entrega". Yo traté de
no dar la cara, suponiendo ser reconocida y sin responder procedí a la
apertura de la puerta. El mensajero inmediatamente colocó la caja en el
interior, luego me alcanzó el formato para que pueda firmar. Cogí el
formato y no supe cómo firmar y atine a escribir un nombre de mujer que se
me vino a la mente Jossy, que era el nombre que me atribuyeron en el
colegio, puesto que mi nombre era José. Terminaba de firmar cuando oí la
voz de otro varón que se detenía al lado del mensajero. "Amiga, podrías
hacerme el favor de llamarle a José". No se cómo pude resistir de la
impresión y no caer desmayada, puesto que no tarde en reconocer a Enrique,
mi amor platónico. Me quede casi paralizada y al reaccionar comprendí que
no podía hablar ni fingir, e instintivamente voltee el formato del
mensajero que aún tenía en las manos y procedí a escribir lo siguiente:
"No se encuentra", entregando torpemente la nota a Enrique, ante
el sorprendido mensajero. Luego casi de inmediato opté por dirigirme al
interior, casi huyendo, sin asegurar siquiera el ingreso principal y dejando
la caja abandonada.
X
Al llegar a la sala cerré rápidamente la puerta y casi sin aliento me
apoye en ella como tratando de asegurarme de que nadie entrara, muy agitada
y nerviosa por la súbita presencia impensada de mi amor después de varios
años. Esperé unos minutos y supuse que ambos se habrían marchado, pero
para mi sorpresa el timbre del intercomunicador me hizo sobresaltar,
quedando casi asustada. Esperé otros minutos. Nuevamente el
intercomunicador. Opté por oír solamente. "Amiga, solamente vine a
saludarle a José, ya que acabo de retornar a la ciudad, y también
indicarle que estaré presente en el baile de disfraces de carnaval y
supongo que él también querrá asistir. Le estuve llamando por teléfono
pero nadie contestaba, por eso vine. La fiesta será en la casa de Luis, el
empresario. Le dices que vino Enrique. Gracias. Si puede que me llame."
Ya repuesta del inesperado incidente, temerosa procedí a salir de la sala y
al abrir la puerta encuentro la caja que trajo el mensajero postal. Supuse
que el mismo la habría colocado allí, o tal vez Enrique. Luego me dirigí
hacia la puerta de reja para asegurarla debidamente. Cuando retorné al
interior me fije que el reloj ya marcaba las siete. Recién recordé que ni
siquiera había almorzado y que tenía bastante hambre, más aún con todo
lo sucedido. En un primer momento pensé en cambiarme, en quitarme la ropa
puesta, pero al notar que vestida como chica me sentía maravillosamente
bien, preferí continuar así, solamente procedí a cambiarme la tanga húmeda.
Note que me resultaba muy placentero el hecho de recorrer toda la casa
vestida de mujer. Me encaminé a la cocina procedí a calentar mi comida.
Luego me dirigí hacia el comedor donde procedí a consumir una parte de
suculento alimento. Luego me fui a la sala a terminar lo que me faltaba
ingerir, donde luego de sentarme con las piernas muy femeninamente cruzadas
encendí el televisor y lo dejé en una telenovela frívola, tratando de
poner mi atención en mi alimento y en la pantalla. Simultáneamente durante
éste tiempo me puse a pensar en todo lo que había pasado y en especial lo
de Enrique. Me gustó mucho la idea de la fiesta de disfraces, como en la
secundaria, en casa de Luis, quien era un amigo del colegio que siempre me
acosaba y trataba de poseerme, hasta que llegó Enrique que se volvió mi
protector. Creo que era mi gran oportunidad de salir como lo que realmente
era. Recordé que en una fiesta anterior había visto a dos varones
disfrazados de personajes femeninos y nadie dijo nada en contra, y de hecho
Luis gustaba mucho de las travestis. Entonces creí que también yo podría
ir travestida, inclusive inmediatamente se me vino la idea de ir disfrazada
de .una artista de cine muy famosa, ir ésta vez de una princesa guerrera
que admiraba y envidiaba, por su fascinante cuerpo y su imponente estatura.
Sí, con toda seguridad iría de Xena. Ya siendo muy tarde, cansada y con
sueño, me dirigí finalmente a mi dormitorio, pero previamente había
sacado de las alcobas femeninas un irresistible camisón de seda. Tras
quitarme parte de la indumentaria femenina, me quedé en tanga y sostenes,
poniéndome el agradable camisón y limpiándome ligeramente el maquillaje.
Así tuve el mejor descanso reparador como una mujer por vez primera. A
partir de ésa oportunidad ya no dejé de usar tangas y sostenes
diariamente. Creo que ésa noche tan inolvidable, hasta en mis sueños me
pareció estar junto a Enrique, como su pareja, como la mujer más feliz del
planeta.
XI
Al día siguiente fui despertada por una llamada de mi padre, quien me decía
de que estarían de retorno a media mañana, por lo cual me levanté
inmediatamente, ya que me quedaba solamente una hora para tal llegada. Lo
primero que hice fue dirigirme al baño de mujeres, donde tras de orinar
sentada procedí a bañarme. Luego de colocarme ropa interior femenina me
puse un buzo unisex que yo tenía y unas también unas zapatillas unisex. Mi
maquillaje normal, cejas delineadas, ligeras sombras, mi perfume femenino,
mis aretitos de siempre y lista. Era mi aspecto normal o acostumbrado que ya
no extrañaba a mis parientes, con la gran diferencia de que a partir de éste
día ya llevaba secretamente prendas interiores de mujer, por lo cual me
sentía enormemente feliz, sintiéndome más femenina. Seguidamente guardé
en su lugar el precioso vestido que me brindó tanto gozo, asimismo los
calzados y otras cosas utilizadas, tal cual dejaron ellas. Supuse que las
prendas sustraídas no serían notadas y salí tranquila de las alcobas al
escuchar los ladridos de mis fieles perros. LLegaron ellos, los integrantes
de mi linda familia. Saludos, abrazos, besos. " ¡Hola hijito .... Hola
José.... Pepito! ... ¿Cómo estuviste? " Y yo les respondía a todos
"Feliz... de maravilla... sensacional". Luego de que todos se
dedicaron a lo suyo, mi madre me preguntó extrañada por las ropas de mujer
lavadas, a lo cual le respondí que había venido una muchacha a ofrecerse.
Más tarde llamé a Enrique y le dije que no estaba muy seguro de ir a la
fiesta, pero que posiblemente lo haría, luego me preguntó por mi disfraz y
le dije que sería una sorpresa, a lo cual el respondió que iría de
samuray. Luego me preguntó por la mujer que el vio la noche que yo salí
por el mensajero y le respondí que se trataba de una prima, a lo cual el
comentó que le había impresionado, que era muy bonita. Al escuchar esto me
sentí muy emocionada y sólo pude expresarle que ya la conocería alguna
vez. El, insistente, me preguntó que si podría invitarla a la fiesta de
disfraces. Le contesté que lo haría.
XII
A partir de ésa inolvidable y dichosa experiencia, empecé a comprar
dificultosamente mis propias indumentarias y objetos de uso femenino. Pero
lo que más me importaba era conseguir el disfraz de Xena, para lo cual tuve
que dirigirme osadamente donde una modista competente y luego de explicarle
que necesitaba tal traje, que incluía la capa, le dije que era para
enviarle a una amiga, le dejé también las fotos necesarias, algunos
dibujos detallados y las medidas. También tuve que ir donde un artesano de
objetos metálicos para encargarle los brazaletes, pulseras, corazas y todo
eso, incluida la espada y el aro cortante. Igualmente fui a una zapatería
para encargar la confección de las botas especiales. Mientras esperaba muy
ansiosa el tiempo de la confección yo me dedicaba a la confección de las
prendas interiores que supuestamente corresponderían a las de Xena, como
princesa de su época. Hasta que finalmente fui recogiendo todo lo indicado,
dejando tras mío sospechosos comentarios y dudas, pero ya no me importaba.
Cuando ya tuve todo completo, en la noche esperé que todos se fueran a
dormir para no ser interrumpido al encerrarme en mi dormitorio. Tras colocar
cuidadosamente el precioso traje de Xena sobre mi cama y contemplarlo
asombrado, y con una incontenible excitación, al pensar en lo que se venía,
inmediatamente me desnudé por completo. Y así procedí a cubrir mi cuerpo
con las indumentarias de una princesa guerrera. Con la ayuda de una foto de
Xena me dediqué a transformar mi rostro hasta lograr cierto parecido que me
satisfizo. Finalmente, tras colocarme las botas, los accesorios metálicos y
la espada, me dirigí frente al espejo grande. Me pareció un sueño verme
convertida en una mujer de cine que siempre había admirado y envidiado. En
el espejo veía solamente a Xena, a la mujer ideal que siempre había
admirado y más aún ser ella misma. Tras permanecer un largo tiempo de
observación, sintiéndome la princesa guerrera, mi excitación y emoción
contenida dio lugar a una pronta e incontrolable eyaculación que proseguí
con una lenta e intensa masturbación frente al espejo hasta terminar
desesperadamente gimiendo y retorciéndome de gozo sobre la cama.
XIII
Consecuentemente llegó la gran noche de disfraces. Esa tarde de la fiesta
pedí en casa que nadie me interrumpiera con el pretexto de tener que
realizar un trabajo importante y me encerré con seguro. Luego me dediqué
exclusivamente a mi transformación, sobretodo tratando de superar el
maquillaje respecto a la primera prueba, hasta lograr una mejor apariencia.
Al concluir, ya de noche, tuve que salir por la ventana de mi cuarto
mediante una cuerda, luego trepar por la reja de la calle para que nadie de
mi familia me descubriera. Sin darme cuenta había realizado una destreza
propia de Xena, lo cual me hizo sonreir. Ya en la calle tuve la suerte de
que nadie me viera saltar, ya que no hallé a nadie, pero al poco rato
apareció una persona, al parecer un varón, que se dirigía justo hacia el
lugar donde me hallaba, entonces un tanto nerviosa traté de ocultar mi
rostro con la caperuza de la capa. Cuando el tipo pasó por mi lado solo me
observó ligeramente con cierta curiosidad pero luego continuo avanzando.
Hasta que apareció un taxi el cual detuve y aborde rápidamente. Ya sentada
en el interior le entregué al conductor la dirección escrita, para no
hablar. En el recorrido noté que el taxista trataba de verme por el
retrovisor, pero yo continuaba con la caperuza, sintiendo fuertemente el
perfume que me había puesto, hasta que llegamos a la casa de Luis, una
impresionante residencia. Luego de pagarle y bajarme el taxista me dijo
"Gracias señorita", lo cual me dio mucho ánimo para seguir
adelante. Igualmente al llegar frente a la puerta de la residencia
acomodando la caperuza sobre mis hombros, para mi sorpresa el portero al
verme me dice "Preciosa.. pase adelante", y yo agradeciéndole con
una venia me dirijo tímidamente hacia el interior tratando de caminar lenta
y delicadamente. Era la cuarta vez que llegaba a ésta residencia, pero la
primera vez que me hallaba como mujer fuera de casa y la primera que un
hombre me viera el rostro, entonces pensé que obviamente aparentaba ser una
mujer atractiva.
XIV
Al llegar a la puerta principal del interior de la vivienda, donde se producía
una bulliciosa música romántica, por un momento tuve cierto temor de
continuar y me detuve algo dudosa, entonces salió un hombre alto y
musculoso disfrazado de gladiador, que al verme se queda muy sorprendido y
permanece observándome por un buen instante, y tras verlo detenidamente me
doy cuenta que se trataba de Luis, el anfitrión, luego súbitamente me coge
de la cintura y me conduce hacia el grupo, y no me queda sino dejarme
llevar. En el interior del gran salón noté que ya se hallaban algunas
personas que conversaban animadamente, uno disfrazado de zorro, otro de drácula,
a su lado superman, luego descubrí a un samuray, sin duda se trataba de
Enrique, pero no le dije nada, el siguiente de batman, tres mujeres una de
blancanieves, otra de gatubela y la última de dama medieval. Ya en el
grupo, Luis se dirige a los demás: "Amigos, tengo el agrado de
presentarles a la encantadora Xena ... la princesa guerrera". Yo no sabía
como reaccionar y menos hablar, tal vez por la emoción y opté por algunas
venias y movimientos de las manos. Seguidamente decidí no hablar mucho,
expresaba solo palabras o frases cortas en un tono suave fingido algo
femenino. Y así continuaban llegando más y más invitados. :Lo que más me
extrañaba es que algunas mujeres eran altas y al escucharles hablar me di
cuenta que se trataba de varones, lo cual me hizo pensar en las invariables
preferencias de Luis, entonces era obvio ver a varones disfrazados de mujer.
Enrique no cesaba de observarme detalladamente y esto me cohibía, por lo
cual se me ocurrió decirle a Luis que nos fuéramos a sentar, mientras me
quitaba la espada de mi espalda, a lo cual el accedió inmediatamente ayudándome
con la espada, y después me dijo: "Te ves muy preciosa, hasta
irresistible...Sinceramente te diré que cuando llegaste me impresionaste
bastante...el disfraz te queda de maravilla... hasta me pareces más bonita
que la propia Xena que también me agrada muchísimo...y en ésta fiesta
definitivamente eres la mejor de todas.... Luego el continuo "veo que
no hablas mucho, supongo que te sientes mal, afónica o algo así, pero no
te preocupes... si no deseas hablar no lo hagas ... y te diré que me gusta
ésa voz... Ahora solo te pido que no me abandones... me siento muy
afortunado estando junto a ti". Realmente no podía creer lo que me
estaba pasando, que a Luis le estaba gustando mucho más que en el colegio.
Luego continuo hablando: "Aparte de que te parezcas a Xena, también
tienes algo de la amiga de un amigo, a la cual no puedo olvidar..y
posiblemente venga a esta fiesta... pero en realidad más la esperaba a
ella, y ahora no me importa que vengan... porque prefiero estar
contigo". Y así fuimos bebiendo y hablando de todo, aunque él más
que yo, mientras no dejaba de observar mi cuerpo. Mientras yo trataba de
observar a Enrique y hasta intenté pararme e ir a buscarlo, pero Luis me lo
impedía, hasta que vi que Enrique se dirigió hacia el exterior, desapareció,
quedándome sin poder hacer algo. Posteriormente Luis me invitó a bailar. y
para mi agrado la melodía correspondía a un tema de rock, teniendo así la
oportunidad de poder demostrar mi destreza en los movimientos lo cual
ocasionó la admiración de mi pareja y de los demás. . De pronto se oyó
una melodía de Madonna y esta vez creo que saqué a relucir mi talento en
el baile, ya que algunas parejas dejaron de bailar para darnos más espacio
y observarnos al tiempo que nos acompañaban con palmas y gritos. Hasta que
ambos cansados volvimos a nuestro lugar acompañados de fuertes aplausos.
XV
La fiesta llegaba a su mejor momento y Enrique no aparecía. Sigo bebiendo
con Luis, luego le pido un momento para ir a los servicios higiénicos, al
volver busco a Enrique, pero nuevamente soy intervenida por Luis que me
conduce a nuestro lugar donde continuamos hablando y bebiendo. Estando así,
Luis me dice que me veo muy bonita al tiempo que empieza a acariciar mis
cabellos y luego mi nuca , .al rato me toma de la cintura y acerca sus
labios a los míos, sin que yo pueda evitarlo, prácticamente a la fuerza.
Luego me doy cuenta que él se hallaba algo excitado. Luis súbitamente se
para y me levanta en sus brazos llevándome a una alcoba semioscura y
privada dejándome casi violentamente sobre la cama, sin que yo haya salido
de mi sorpresa. La música llega aún a la pieza. Inmediatamente me cubre
con todo su cuerpo y continúa besándome con desesperación mientras una de
sus manos va recorriendo por mis muslos y mi trasero. Yo hasta éste momento
me hallaba muy mareada y muy confundida. En medio de las caricias noto que
el pene de Luis se va endureciendo e irguiendo y yo instintiva e
irresistiblemente sintièndome muy mujer, dirijo una mano hacia su miembro
que al ser tocado aumenta de volumen. Luis se pone de espalda y tras bajarse
la prenda interior deja al descubierto un enorme pene que al verlo me deja
muy sorprendida y temerosa, pero en una súbita excitación hace que yo
dirija mi boca hacia aquel increíble miembro y procedo a acariciarlo,
besarlo y poco a poco voy introduciéndolo y sacándolo de mi boca, haciendo
que Luis mostrara actitudes de satisfacción que culminaron con una gran
eyaculación casi al mismo tiempo que yo. Luego de esto el me pide que me
voltee, de espalda hacia él, entonces me doy cuenta de su intención y
siento un gran temor de ser penetrada por semejante miembro y más aún que
nunca nadie me introdujo su pene. Entonces le pedí por favor que no lo
hiciera, pero el algo molestó insistió, yo nuevamente le digo que no y me
incorporo para salir de la alcoba, cuando él rápidamente se dirige hacia
la puerta y me impide pasar, yo le suplico que me deje salir, realmente sentía
mucho miedo de su gran verga. En eso veo que la ventana se hallaba abierta y
me dirijo hacia ella para poder escapar, pero Luis ya muy molesto fuera de
si me coge a la fuerza y yo desesperada trato de zafarme dándole una
cachetada hasta soltarme, luego el enfurecido empezó a corretearme y
decirme: "Te haré mía así no lo quieras ...Xena preciosa".
Sinceramente no estaba dispuesta a perder mi virginidad con tremenda verga,
entonces así mareada, tuve que recurrir a mis cualidades de luchadora y me
puse enfrente de mi agresor para recibir y rechazar el ataque, tal como se
procede en el karate. En un principio él se queda muy sorprendido por mi
actitud, e inmediatamente también asume una posición de lucha. Así
procedemos a entablar una imprevista lucha tal si fuera siempre una
guerrera, en la cual, dada la supremacía física de mi antagonista resultè
vencida. Finalmente Luis dando un grito de victoria me tira sobre la cama,
donde casi descontrolado y con toda su fuerza me coloca de rodillas y con el
trasero hacia arriba, en cuatro, yo insisto en que no siga. En mi
desesperación le digo que se las verá con Enrique si continúa, puesto que
yo soy su amiga preferida. Ël me pregunta por mi nombre y caigo en el gran
error de decirle que yo era Jossy. Ante la confesión, él por un instante
se queda sorprendido y se detiene, pero luego me dice: "No lo puedo
creer ... Te ves tan preciosa... Entonces, esta es mi gran noche... Siempre
me gustaste y jamás me diste importancia... Ahora haré contigo lo que
siempre deseaba... Princesa guerrera". Yo insisto en que me deje pero
él no oye mis suplicas y luego de arrancarme la tanga siento que coloca la
punta de su pene en mi ano al tiempo que procede a intentar penetrarme. Yo
trato aún de zafarme pero sus fuerza superior me deja imposibilitada,
puesto que él continua con su intención diciéndome: "...Xena...
ahora eres mía ... te haré toda una mujer". Me siento derrotada. Ya
no puedo hacer nada al sentir un intenso dolor que me hace lagrimear y noto
que ya se inició la penetración, luego mi mente se fue nublando hasta que
perdí el conocimiento. Cuando recobré la conciencia me encontraba tendida
sobre la cama y con Luis durmiendo a mi lado abrazando fuertemente mi
cuerpo, con un insoportable dolor en mi ano que al tocarlo lo encuentro muy
humedecido y al ver mis dedos cubiertos por un líquido blanco algo
enrojecido, confirmo que Enrique había salido con el gusto de hacerme su
mujer por la fuerza. El fornido gladiador me había violado. Mi primera
reacción fue de escapar, entonces traté de zafarme lentamente pero
inmediatamente siento que él me abraza con más fuerza, impidiendo mi
deslizamiento. No te irás, me dice mi cautivador. Inmediatamente se
incorpora y me pone de pone de espalda levantándome las piernas sobre sus
hombros. Yo dándome cuenta de lo que espera hacer conmigo le suplico que no
me haga más daño, le digo que me siento muy adolorida, pero él sin oírme
saca su enorme pene que va creciendo y me lo coloca sobre mi ano,
procediendo así a penetrarme nuevamente, aunque ésta vez ya no perdí el
conocimiento y noté que mi orificio se había dilatado, sentí menos dolor
y algo de placer, pero igualmente trataba de resistirme, de no dejarme
violar, sin conseguirlo. Fue asì como Xena, la princesa guerrera, perdiò
su virginidad y sucumbiò por completo ante un fornido hombre que la mantuvo
en cautiverio y a su disposición durante toda una noche completa.
|
|